IMS Instituto Mexicano del Sonido / Mexican Institute of Sound MIS

CAMILO LARA

POLÍTICO. INSTITUTO MEXICANO DEL SONIDO.

Miércoles 9 de junio, 2010.

CIUDAD DE MÉXICO (Notimex) — Veinte kilógramos de explosivos fueron decomisados la madrugada de este miércoles en la colonia Roma, en la zona más céntrica de la Ciudad de México, informó la Secretaría de Marina Armada de México (Semar).

El operativo se realizó en un una casa de huéspedes.

La Semar informó que el explosivo asegurado “es de fácil maleabilidad, utilizado en tareas de demolición debido a su facilidad para ser adaptado a cualquier forma, el cual se puede aplicar directamente en estructuras y cuenta con una velocidad de detonación y densidad suficientes para romper el metal”.

Han pasado tres años desde la publicación de Soysauce, la tercera grabación en estudio del Instituto Mexicano del Sonido. Los crímenes violentos y sus imágenes inenarrables acompañan, ya de forma rutinaria, el desayuno de los ciudadanos en toda la República. Si alguien considera poco volátil al cóctel de plomo, sangre y fuego, puede añadir las elecciones federales del próximo 1 de julio, con sus correspondientes campañas en todos los medios existentes, que, a nivel callejero, entre individuos inscritos al padrón, suelen en terminar en desencuentros de sobremesa, distanciamientos en Facebook o Twitter o episodios colectivos de comedia involuntaria detonados por los debates oficiales transmitidos en televisión.

Es la hora perfecta para levantarse del sillón y decir algo, la batalla perdida ya está frente a nosotros.
Camilo Lara (México, DF, 1975) ha decidido insertar varias canciones de Político (2012) en el contexto del gran derrumbe nacional. “México”, primer sencillo entre los 14 cortes que conforman el álbum, ya está disponible en iTunes. Aquí un fragmento de la letra:

Todos somos víctimas de un Estado confiscado.
Un gobierno involucrado en las ganancias de el narco.
Es una nación podrida con la población herida.

El corte se posa, como el águila probervial, sobre una base rítmica electrónica, para devorar una trompeta, una porra lánguida y los recortes repetidos de un sonido de guitarra.

Recuerda sí, al universo narrativo de pasajes conocidos del IMS como “Mirando a las muchachas”, “Alocatel” o incluso, “A todos ellos”, gema oculta de su primera grabación, pues nos invita, de nuevo por una travesía, en lengua castellana, de rimas ocurrentes que buscan, mientras van hurgando en los baúles de la tradición popular, las referencias sonoras más sorprendentes.
Sólo que esta vez la voz de Lara suena distinto, parece brotarle de otra parte del cuerpo, es en efecto una hora distinta.

Camilo Lara: “Las cuatro canciones que salieron inicialmente fueron ‘Revolución’, luego ‘México’, que es para mí la que explica por qué el disco se llama Político, y ‘Especulando’, una canción muy vieja, que estaba muy mal grabada, empecé a ponerle más letra. Estas cosas que eran políticas en un modo tangencial no tan obvio.

Uno no tiene que ser Bob Geldof, ni hacer actos caritativos o involucrarse en la política. Pero si empieza a tocar tu vida cotidiana, te pones a escribir de eso. Es un disco mucho más rabioso que los anteriores, lleno de furia. Tiene que ver con la música y cómo el país fue pasando de ver esta violencia de lejos hasta, como en las guerras, a la forma en que fue ganando el camino en los estados y va llegando a mi.

En año electoral me encontré que había un país que no era el mismo de hace cinco o seis años cuando hice Méjico Mágico, era mucho más inocente”.

El rompimiento (que no es total en esta colección) con aquella perspectiva propia de la primera década del siglo, no es el único regate: se presenta también una búsqueda rítmica, musical, que llevó al autor (dueño, según Wikipedia de una colección de acetatos que rebasa las 45 mil piezas), a fijar la atención en generos distintos a la cumbia, el sonido que se ha vuelto rúbrica en su carrera:

CL: “Empecé a hacer el disco justo con el principio de dejar la cumbia a un lado y tratar de no tocarla como tema principal. Busqué por dónde, qué samplers quería usar.

Empecé a escuchar mucho garage y surf latinoamericano de los sesenta. A partir de ahí, las primeras canciones fueron muy rabiosas, venían con un sampler inicialmente más sucio, guitarroso y agresivo.

Cuando me pasó un poco la euforia por la cumbia, pensé en buscar sólamente lo bueno del género, encontrarle otro lado. Esa otra cumbia sirvió para el lado meloso del disco, la parte más inocente y buena onda. Eso le dio un balance. No podía terminar con un manifiesto. Los discos no son para eso”.

Político establece un diálogo con otras generaciones, estilos y geografías con las que encuentra afinidad a partir del vistazo al entorno, el paseo por una realidad amarga, injusta. Se trata de la música del hartazgo, el sonido del descontento, una protesta que, dadas las condiciones actuales del IMS (su éxito va desde las calles y tiendas de Los Ángeles hasta la selección personal de músicos tan conocidos como Ed O Brien, guitarrista de Radiohead o David Gilmour:

CL: “Desde Manu Chao hasta Gogol Bordello. Me gusta su lucha constante. Aunque a veces hablen de amor. Siento que ese elemento no había estado presente en mis discos, aunque siempre me gustó mucho.

Nunce pude manifestarlo pues lo que hacía era diferente, un poco más inocente. Este disco permitía hacer algo más combativo.
Lo que hacía Maldita Vecindad a finales de los ochenta y Café Tacvba en su primera etapa, tenía que ver concrecieron oyendo esta música del mundo (pop inglés y rock punk) y a partir de eso hicieron música mexicana. Les tocó esta etapa del mundo donde lo local era consumido localmente, no se intentaba globalizar todo a como diera lugar.

En los noventa la siguiente generación hizo un poco lo mismo, pero oía otras cosas. Venía de oír música electrónica, hip hop. Lograron hacer música mexicana con elementos globales. Yo pertenezco a esa generación que terminó siendo víctima de ya poder consumir muchas cosas. A lo que hice, el destino le deio oportunidad de tener un appealing en el mundo cuando era ya políticamente correcto no ser sajón o francés para poder triunfar fuera”.

Político es una obra que se suma a la tradición de álbumes que desarrollan su narrativa en dos actos, secciones o lados, como solían hacerlo los viejos cassettes y discos de acetato. Si la primera parte, que viaja de la pieza epónima hasta “Es-Toy” (homenaje al productor y pinchadiscos regiomontano Toy Selectah), nos muestra al individuo en conflicto con el mundo, la serie posterior, con títulos como “Más”, “Tipo raro” y “Ritmo internacional”, nos invita a abandonar el asiento con una misión diferente: celebrar el inexplicable milagro de estar aquí, con pulso en las arterias:

CL: “La primera parte acaba en “Más”. Está ordenado para generar una sensación de vértigo y, después, se va a otro humor que evoca partes de la primera pero es más surrealista y ambigua”.

“Tipo raro”, uno de los cortes clave en la cara B, nos permite seguir a un personaje entrañable cuya travesía sentimental se volevrá, con facilidad, parte de los rituales del IMS durante las actuaciones en directo.

CL: “Esa canción salió un poco antes de empezar el disco y la compuse para una película que se llama Hecho en México. Me dieron unas marimbas y tenía que hacer de ellas otra cosa. Me gustaba la idea de que fuera una fábula prehispánica pero ubicada en la década de los dosmiles. El tipo va buscando por días y semanas, llega a la Gran Tenochtitlán y encuentra, en un puesto de tacos, a la mujer. Eso pudo haber pasado hace quinientos años”.

De la rabia al coqueteo, del surf a la cumbia, del horror noticioso a las instrucciones de baile, del formato de dupla que tan solo cargaba con dos tornamesas y un micrófono, al escenario principal de Vive Latino tranformado en una pequeña orquesta, pasando por la alineación más común donde Lara es acompañado por el batería Paco Chintro y Julián Placencia en bajo y guitarra, las aventuras del Instituto Mexicano del Sonido se escriben en soledad desde un estudio pequeño, sin artilugios de alta fidelidad, en la Ciudad de México mediante procesos que únicamente pueden definirse como caseros:

CL: “Escribo solo todas las partes, en todos los discos. Hago una maqueta para poder dar el siguiente brinco. Ahora me junté con Julián (Placencia, de Disco Ruido) y él fue el que me ayudó, funcionó como el editor de una novela. Nos fuimos a Los Ángeles con Robert Rodríguez, quien lo mezcló y masterizó. Era el último proceso para pulir la música”.

Es el primer disco que no hago en la computadora vieja donde hacía mis discos. Esa computadora se la compré a Jonás de Plastilina Mosh.Ya era obsoleta en el ’94. Ahora hice lo mismo, pero con una laptop. Todo es bastante primitivo y como que nunca he podido aprender a tener alta definición y tampoco me interesa. Es la convención: que de repente no grabe estéreo se volvió mi dogma sin querer, muchos de los instrumentos que uso, no sabría cómo hacerlos sonar mejor, no tengo el estudio correcto”.

El diario El País en España, el británico The Guardian, los estadounidenses New York Times y Los Angeles Times; festivales como Roskilde en Dinamarca, Coachella en Estados Unidos o Rock al Parque en Colombia han seleccionado la música del IMS para ofrecerla a su público. Fuera de México, pareciera que ese ingrediente que conecta su universo con la riqueza de la cultura popular local ejerce un magnetismo poderoso no ausente de los destellos del exotismo:

CL: “El IMS tiene un pie en México, tal vez si no lo tuviera sería menos emocionante o menos emocionante para los que no viven en México. Ni siquiera lo haces concientemente. Sí crecí oyendo muchas cosas, nacionales y de fuera, y tenían, las dos, en mi escala de valores, el mismo nivel. Sí hay una sazón diferente.

En un mundo donde todos los teléfonos son iguales, todas las cadenas de restaurantes son iguales y los hoteles son los mismos, lo único que te hace diferente es tu denominación de origen.
El valor de las cosas hoy en día es encontrar, por ejemplo, en qué lugar del planeta se come rico, buscar las pequeñas diferencias que tiene el mundo. Si eso soy y si ese sabor tengo diferente al resto que está haciendo las cosas… El mundo cada vez se trata más de eso: encontrar esas pequeñas diferencias, esas cosas que hacen al mundo menos uniforme”.

Con un álbum como éste, movido por el descontento y ligado con los códigos de la música de la inconformidad, la pregunta es obligada, ¿puede la música de protesta conseguir algo más que el desahogo personal del creador? Camilo Lara responde:

“No. Yo creo que no, pero sí te puede poner en contexto o te puede hacer el soundtrack de lo que estás viviendo. Creo que los Specials con “Ghost Town” no cambiaron Inglaterra. Sí pusieron en contexto lo que estaba pasando y por qué estaba pasando. La música al final, más que un discurso o un manifiesto, debe ser un reflejo. Tal vez en cinco o seis años sea el signo de nuestros tiempos, lo que estaba pasando. Cuando la música deja de ser música y es un arma para “representar”, creo que pierde la chispa original y se vuelve más intelectualizada, con una agenda”.

¿Terminará todo esto algún día, serán discos como Político, tan sólo el documento de una pesadilla de la que pudimos despertar, un laberinto al que se encontró una salida colectiva?

CL: “Estamos viviendo el principio de algo que no habíamos experimentado. Siempre vivimos con crisis y problemas de violencia, pero era mucho más inocente. Ves el documental de Lynn Fainchtein, .56% y era otro México, había otros problemas.
En diez años, quince, podremos tener un renacimiento.

Los momentos más duros de los países son cuando mejores cosas se crean, porque la gente está inconforme o tiene alguna cosa más qué decir que solamente, como los suecos que tienen problemas muy básicos, tal vez ya son muy elevados y olvidan el piso de problemas reales”.

Al final queda la cumbia, ese lienzo blanco donde cada nación de América Latina ha sabido pintar los colores de su alma, esa moneda que, sutilezas aparte, permite el encuentro, el intercambio en todos los rincones geográficos donde los hombres pueden cantar su pena y su alegría. Así que, aunque el mundo no se resuelva, queda la música para continuar la protesta y mantener el sueño:

CL: “La cumbia es el soundtrack de la ciudad, a partir de ahí se empieza a construir. Siempre el reggaetón va a ser más famoso, o la música regional mexicana. Pero la cumbia siempre está a nivel pesero. Va más allá de ti, naces con cumbia y estás expuesto a ella hasta que un día te das cuenta que te gusta. Es como estar comiendo tofu, para los japoneses: un día se dan cuenta de que les gusta.
Siempre se baila en las bodas. Secretamente existe este amor por la cumbia. En realidad en México hay este rechazo natural a todo lo que sea cultura popular, sistemáticamente. Desde el grafitti o los cómics. Nunca ha sido valorado el Libro Vaquero o Hermelinda Linda, tampoco la música. Siempre hemos sido un pueblo muy avergonzado de su cultura popular. Los medios masivos siempre han tratado de ocultarla, cambiarla por el pop y los guapos. En otros países como India, sí lo abrazan, la cultura popular es el rey. Pero aquí no. Hasta al último momento, cuando ya no es posible taparlo”.

Texto por: Julio Martínez Rios

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